25 junio 2013, 13:08

Edward Snowden, una historia policíaca en toda regla

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Edward Snowden no tomó el vuelo Su-150, desde Moscú con destino a Cuba. Su paradero es un enigma para el mundo.

En vez de él, se bajaron del avión, en La Habana, cerca de treinta periodistas que fueron recibidos en el aeropuerto por más periodistas y cámaras.

Es evidente que Snowden disfruta de su papel de ágil defensor de la justicia y se aplica a fondo para crear su propia historia de espías. Una historia que empezó con el anuncio de las autoridades de Hong Kong de que el fugitivo estadounidense había salido a Moscú con el vuelo Su-213 de la compañía Aeroflot.

Los periodistas de los medios de comunicación se aprendieron casi de memoria el horario de llegadas del aeropuerto Sheremétievo. Hubo de todo: policía, seguimiento y turnos de noche. Los reporteros intentaron pillar a Snowden por doquier, en la zona de salidas y de llegadas, en la sala de delegaciones oficiales, en la zona de tránsito, en el hotel del aeropuerto y en las afueras de la embajada de Ecuador. Se suponía que Edward Snowden iba a viajar a La Habana. Los periodistas se turnaban y acabaron comprando casi todos los billetes para un vuelo que, en un principio, estaba medio vacío. El avión se convirtió en una rueda de prensa en marcha.

El número de protagonistas de la historia aumentaba por momentos: el servicio de seguridad de aeropuerto acordonó la puerta de embarque número 28 y trajeron más personal para el control de pasaportes. Dado que no compartían las emociones de los periodistas, no se permitieron grabar imágenes.

Snowden hizo el embarque, se esperaba que ocuparía el asiento 17A. El asiento a su lado estaba reservado, probablemente, para Sarah Harrison, la representante WikiLeaks que lo acompaña. Los periodistas decidieron aunar esfuerzos y persuadirles de que contestaran al menos a un par preguntas. Lo único que faltaba era el protagonista: Snowden.

Tras el embarque en el avión, cerca del famoso asiento, se había reunido una pequeña multitud. Todos estaban pendientes de que Snowden apareciera de la nada como el mejor de los espías. Cualquier detalle parecía cobrar un sentido trascendental: la demora de unos veinte minutos, un hombre con camiseta beige y una bolsa verde que sube apresurado la escalerilla…

El avión se dirigió a la pista de despegue y los periodistas se precipitaron a buscar entre el resto de los pasajeros, mientras que el asiento 17A seguía vacío. A los frustrados profesionales no les quedó otra opción que sacar fotos al asiento vacío. Ya podían tomarse su tiempo, les esperaban doce largas horas de vuelo.

Nadie ha vuelto a ver a Edward Snowden. Pero, seguramente, estará trabajando en la continuación de su historia de espías...

ms/as/sm

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