En la vida de Eduard Gil hubo de todo: largos años de éxito, después un olvido total, y al final del camino una inesperada gloria mundial: un destino seguramente envidiable. Especialmente ese estallido de popularidad que se produjo en 2010, cuando uno de los videos del cantante cayó en la red mundial. Él con gran placer entonaba una melodía soberbia, sin una sola palabra, titulada “Me siento feliz de regresar a casa”. En el espacio Internet de EEUU y Europa esta grabación tuvo millones de entradas y por su popularidad desplazó incluso un video del presidente norteamericano Barack Obama. Los distintivos, tazas y camisetas con la imagen del cantante se convirtieron en un artículo solicitado en las tiendas online británicas. Y, obviamente, los fans imitaban con admiración a Gil, a veces lo parodiaban, y hacían de la canción videos de animación. En Facebook los fans del cantante formaron una comunidad en la que ingresaron más de catorce mil personas y fue entonces cuando lo llamaron “míster Trololo”.
El propio Eduard Gil fue casi uno de los últimos en enterarse de su triunfo a través de un nieto. Y con cierta admiración recordó entonces la extraordinaria popularidad de la canción de hace cuarenta años:
—Era mi tarjeta de visita en los años 1960. Imagínense, no cantaba una canción de cuna, una marcha, sino esa canción sin una sola palabra durante dos minutos y medio. Hace unos cinco años que ya no la cantaba. Pienso que el propio destino me sugiere que hay que retomarla.
La vocalización “Me siento feliz de regresar a casa”, escrita por el compositor Arkadi Ostrovski, combinaba de la mejor manera con el carácter y el encanto de Eduard Gil: artista que poseía una energía límpida, gran optimismo y grandeza de ánimo. Y así también era su repertorio en los tiempos soviéticos. Pero esa época terminó y Eduard Gil y sus canciones parecían haber desaparecido de la escena, la radio y televisión. El ex ídolo de millones tuvo que viajar al extranjero para ganarse la vida. Y entonces los estudios que recibió en el conservatorio en su natal San Petersburgo le prestaron un gran servicio: él cambio de repertorio, empezó a cantar romanzas rusas en el cabaré parisino “Rasputin”. Así pasaron tres años y Eduard Gil no pudo soportar más, sentía una gran nostalgia por Rusia. Regresó a la patria comprendiendo perfectamente que no tenía perspectivas. No podía suponer que poco después empezarían a escribir de él como de una persona que “hizo estallar Internet” y que se abrirían nuevas posibilidades para continuar su vida artística.
Los admiradores confiaban hasta el último momento que se lograría organizar una gira mundial de Eduard Gil, ya que, a pesar de su edad, seguía actuando y se encontraba en perfecta forma. Pero el destino de nuevo dispuso otra cosa.
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