Hoy, 3 de mayo, en vísperas a la celebración del Día de la Victoria sobre la Alemania fascista en la II Guerra Mundial, esta película comienza a exhibirse en cines de Rusia.

0La historia representada en la obra de Shajnazarov, se remonta a la II Guerra Mundial. Versa sobre el enfrentamiento entre un tanquista soviético que se salvó de milagro y un tanque fantasma fascista llamado “tigre blanco”. Esta máquina diabólica sin tripulación aparece y desaparece de improviso, irrumpe de manera inconcebible en la retaguardia de las tropas soviéticas, matando, sembrando el pánico y cambiando el curso del combate… El soldado ruso lanza un desafío al fantasma. “Un hombre vivo hace frente a un fantasma no animado: en esto hay algo emocionante que insta a reflexionar”, considera el experto y exitoso director, que por primera vez aborda un tema militar.

“Para que comience a rodar la guerra, han debido concurrir muchas circunstancias”, confesó Karen Shajnazarov en entrevista a nuestra emisora.

—Primero, cuando ruedas una película, importa siempre hallar cierta historia, interesante y atractiva justo para ti, − estima el director. − En este caso la historia inventada por el escritor Iliá Boyáshov en su novela “El tanquista o el Tigre Blanco” me pareció interesante. Es una historia fantástica, mística sumergida en la realidad de una contienda. Segundo, es muy difícil rodar películas militares, hay que sentirse interiormente preparado  para tal labor. Antes yo no había tocado el tema militar. Tan sólo participé como productor en la película “Estrella” del director Nikolai Lébedev sobre la proeza de agentes secretos soviéticos en la retaguardia de las tropas hitlerianas, pero eran cosas diferentes. Y de repente decidí que estaba listo. Y tercero, es el momento moral, − resalta Karen Shajnazarov. − Mi padre luchó contra los fascistas. Yo quería rendir tributo de respeto a él y a sus compañeros de lucha.

“La II Guerra Mundial es un tema inagotable. Sobre ella se ha rodado, se rueda y se rodará filmes, asevera Shajnazarov. Y esto pese a que el rodaje de episodios de batallas, si no se usa la gráfica computarizada, resulta cada vez más difícil. En “El tigre blanco”, la mayoría de las escenas de combates se filmaron en vivo porque el consorcio cinematográfico Mosfilm, donde se creó la película, dispone de una base técnica única. Aquí se conserva el material técnico de tiempos de la II Guerra Mundial. “Este material funciona, − cuenta Karén Shajnazarov. − Magníficos especialistas, ex combatientes, se ocupan de este y lo mantienen en buen estado. En el rodaje no hubo un sólo caso que no se pudiera poner en marcha un tanque, todo se ponía en marcha como un coche Mercedes. Y esto a pesar de que esos vehículos fueron usados en la guerra, tienen unos sesenta años de “edad”. Es cierto que antes de la filmación fueron sometidos a una reparación técnica a fondo”.

—Rodar los episodios de batallas es un tipo especial de dirección, − continúa Shajnazarov. − Yo había hecho antes películas con amplios montajes, pero nunca había rodado escenas de batallas. Era para mí un nuevo momento, absolutamente nuevo… Allí todo tiene importancia, desde los elementos de seguridad -y en nuestro rodaje por poco se aplasta a un equipo de operadores- hasta la puesta en el campo de gran cantidad de armas pesadas. Por añadidura, la dirección de los combates es algo aparte.

Por lo demás, no sólo las batallas, los avatares místicos, el dramatismo del ambiente interesaban al director cuando decidió, por primera vez en su vida, filmar un celuloide militar. Al acercarse a la edad de los sesenta años (va a cumplirla en julio próximo), él dice: "Cuanto más edad tengo, me interesa más la cuestión, quizá una de las esenciales de nuestro existir: por muy pavoroso que suene esto, ¿no es acaso la guerra parte de nuestro ser biológico? No tengo respuesta. Quisiera responder tal y como lo hizo Lev Tolstoi en “Guerra y Paz”: estalló una guerra, antinatural para la persona. Pero toda la historia dice lo contrario: la guerra es una constante de la existencia humana. Es difícil conformarse con ello”.

Autora: Rita Bolótskaya