Y no faltaron las acusaciones personales.
Sentados uno frente al otro, en consonancia con los puntos de vista políticos Sarkozy a la derecha y Hollande a la izquierda, los aspirantes repasaron todas las cuestiones clave de la política interna y exterior. Muchos periódicos franceses escriben que este “match” terminó empatado. Hollande partió como favorito, a la vez que Sarkozy debía recortar esa ventaja. Y de acuerdo con los sondeos de opinión todos quedaron en su lugar.
Suelen decir que la espera de la fiesta es mejor que la propia fiesta. La sensación de la presidencia no abandona a Hollande desde la primera ronda: al referirse a las tareas que deberá resolver el futuro jefe de Estado, el candidato socialista empezaba cada frase con las palabras “Yo, presidente de la República…”:
—No quiero ser presidente de todos, jefe de todo, y en realidad no responder por nada. Yo, presidente de la República, no seré patrocinador de la mayoría, no designaré al primer ministro de entre mis partidarios, no reuniré a los parlamentarios de mi partido en el Palacio del Elíseo. Yo, presidente de la República, haré que la Justicia sea independiente. No designaré a los jefes de los canales de televisión. Mi conducta siempre será ejemplar.
No obstante, la frase “Yo, presidente de la República”, puede decirla actualmente sólo una persona: el actual jefe de Estado, Nicolas Sarkozy, quien ocupó cinco años ese cargo y se refirió a las cualidades que debe poseer el líder de la nación:
—Señor Hollande, usted habló del “presidente normal”. Le diré que el cargo de presidente de la República no es normal. A los candidatos a este cargo como el general de Gaulle, François Mitterran, Valéry Giscard d´Estaing, Jacques Chirac, Georges Pompidou, no pienso que se los pueda llamar personas simples y normales.
Desde luego que Hollande no tiene la experiencia de Sarkozy, adquirida en el máximo cargo del Estado. Pero tampoco se puede decir que sea un novato en política: lleva a sus espaldas la presidencia en el Consejo General del Departamento de Correze, el puesto de Secretario General del Partido Socialista. Además, al candidato le viene de perlas el que Sarkozy haya desilusionado a una parte de sus electores. Este es el electorado potencial de Hollande, al que aún debe convencer de que vote por él, estima el director del Centro de Estudios Franceses del Instituto de Europa de la Academia de Ciencias de Rusia, Yuri Rubinski:
—Estos debates no dieron respuesta a la pregunta más elemental: ¿por quién van a votar los franceses? Hasta ahora todas las encuestas vaticinaban el triunfo de Hollande. Así fue a lo largo de medio año. Pero, durante este tiempo, la distancia entre ambos candidatos se redujo a la mitad. Hoy ronda entre el 5 y el 6%.
Sarkozy y Hollande reconocieron con toda franqueza que aquellos que en la primera vuelta votaron por la ultraderechista Marine Le Pen ejercerán una gran influencia sobre el resultado final. Ella misma no oculta el hecho de que desea ver a Sarkozy fuera de borda. Para triunfar el actual presidente necesita hacerse con el apoyo de más del 80 % de sus partidarios. Por ahora esa cifra está a nivel del 60 %. La respuesta a la pregunta de si Sarkozy conseguirá atraer aún el 20% de los seguidores de Marine Le Pen, es de hecho la respuesta a quién será el próximo presidente de Francia asegura la experta en Francia, Evguenia Obichkina:
—Mucho dependerá de la agudeza real con que la opinión pública francesa acoge el problema de la inmigración. Todos aquellos que consideran que el problema de la inmigración es el problema número uno irán a votar por Sarkozy.
El interrogante es otro: ¿quién no irá a votar por Sarkozy de aquellos que le dieron su voto cinco años atrás? Los expertos están seguros de que tales votantes no serán pocos. Incluso entre los miembros del partido hay desilusionados con el actual presidente, considera el experto el Instituto romano de Relaciones Internacionales, Michele Comelli:
—El estilo personal del presidente Sarkozy se diferencia en buen grado del estilo de sus antecesores. Al principio de su presidencia este factor se contemplaba exclusivamente como una novedad y un intento de romper con el pasado. A medida que pasaba el tiempo Sarkozy empezó a cansar incluso a sus partidarios de centroderecha.
Todo esto le hace el juego de Hollande, que actúa de forma más tradicional para la política francesa. ¿Pero será esto un fundamento suficiente para la victoria? Lo sabremos dentro de unos días cuando se anuncien los resultados de los comicios.
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