Un día en la exposición internacional de Bogotá (fue hace tiempo) yo y mi colega colombiano José Antonio hablamos de la situación del país. Su mirada se hizo triste y la respuesta breve y casi desconsoladora: Una Colombia en paz puede convertir el país en uno de los más prósperos del nuestro continente, pero… Al cabo de un minuto llamó al culpable principal de la tragedia nacional: las FARC. José conocía antes no sólo a miembros de filas del grupo sino también a sus cabecillas. La guerra contra su propio pueblo, la toma para sus filas de personas frecuentemente ignorantes, la ruina de poblados, amplio comercio de drogas han enraizado en su actividad criminal. Las fechorías, la violencia, el engaño conformaron su ideología, en la que no había lugar para la paz y el bienestar de los colombianos. Ya durante medio siglo la promesa de felicidad en los insurgentes se combina con las masacres.

Para comprobar el carácter antipopular de los extremistas no hace falta hurgar en los archivos para recordar sus crímenes de antes. Es suficiente ver el día de hoy. ¿Qué vemos? Ataques bárbaros a los campamentos de tropas gubernamentales y matanzas de decenas de soldados jóvenes. Captura de policías que decenas de años pasan en cautiverio. La violencia alcanza también a los extranjeros, de lo que habla el periodista colombiano Manolo González Moscote.

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0En el conflicto colombiano de medio siglo se inscribió otra página macabra. Quiero creer que este caso termine felizmente y nuestro colega francés vuelva a casa. Puede que en los cabecillas de los bandidos influyan las palabras del Presidente de la nación Juan Manuel Santos que acaba de exhortar a cesar la violencia y la lucha armada. Por lo demás, la larga práctica pone en evidencia que los miembros de las FARC no tienen piedad, ni honradez, ni humanismo. Se dan tan sólo a la caza de drogas y de personas honestas.

Autor: Igor Kudrin