En las redes sociales rusas, este grupo entra dentro de la categoría “Olvidado. Inusual. Post-soviético”. Durante la breve existencia de la agrupación, estos muchachos de Izhevsk lograron grabar sólo un disco. Pero será precisamente el track “Fácil asunto el frío” el que caiga en la lista de las “grabaciones de oro” del rock soviético. La propia aparición de Clave de bambú en los escenarios rusos pudiera compararse con el vuelo de un meteorito, una inmensa reserva de energía que se volatilizará en apenas un instante. Con su obra fueron capaces de anticipar la aparición del ambiente y el trip-hop, géneros musicales que se tornaron populares a mediados de los noventas, con la aparición de los grupos Masiva Atacó, Pordiosead y otros.

Pero regresemos a Clave: esta movida comenzó a finales de los ochentas, cuando tres jóvenes de Izhevsk, Dmitri Noskov, Vasili Agafonov y Konstantín Bagaev conformaron un trío. Les unía la afección de coleccionar ruidos urbanos, que grababan con una grabadora de periodista. El extraño nombre del grupo los muchachos lo relacionaban con el sonido producido por la caída casual de unas claves de bambú en una escalera, de madrugada.

Mucho después, el reconocido crítico musical Alexander Kushnir escribió en su libro: “Los jóvenes músicos coleccionaban sonidos y ruidos, tratando de crear con ayuda de estos una concatenación de imágenes y asociaciones, que resultaran en una obra completa. El siseo de la cinta magnetofónica, el siseo de los equipos primitivos de fabricación nacional, el siseo de los circuitos en el mixer, era asumido por ellos como una especie de ruido blanco, un elemento más sobre el lienzo.”

Estos creadores no sabían tocar ningún instrumento. Se trataba de extraer sonidos de instrumentos desafinados, una especie de “generación experimental de sonidos”. Bajo la influencia de las obras literarias de los clásicos del siglo XX se creaban historias, versos, se pintaban cuadros, que luego se trasladaban a la zona de los paisajes sonoros.

Luego se sumó al colectivo la cantante Tatiana Erójina, cuya voz misteriosa se perpetuó en el único disco del colectivo de Izhevsk. Según confesiones, al sumarse a Clave de bambú tuvo que olvidar las técnicas académicas del canto que estudió en la escuela musical.

Resulta interesante señalar que la mayoría de los textos estaban dedicados a animales o plantas, y los músicos no ocultaban para nada su sincera visión surrealista. Especialmente esto se hace notorio en el track “El tigre débil”, que muestra la influencia de la tradición poética japonesa.

Además del único disco, los participantes de este proyecto pudieron grabar dos video clips: “El caballo de mi vida” y “Miel de nieve”, que fueron proyectados en Programa A y Exótica, del canal RTR.

En su momento, la obra de este grupo era asumida como la banda sonora de una película que jamás llegó a filmarse, pero la música quedó. Sólo en 2007 los cineastas acudieron a la obra de Clave de bambú, al utilizar el track “Lo frágil de dos” en el filme “Un amor entre millones”.

La desintegración del grupo fue, en muchos sentidos, un reflejo de la desintegración de la Unión Soviética y de muchos procesos que tuvieron lugar en nuestro país a principios de los años noventas. Sin embargo, este atrevido para su época proyecto logró inscribirse por derecho propio en la historia del rock soviético.

Autor: Alexander Shinkarenko