Nuestro corresponsal Alexander Artamónov y expertos de La Voz de Rusia reflexionan acerca de si tuvo razón Nicolas Sarkozy – el inspirador de esa ley. 

¿Qué nos puede decir de la ley aprobada un año atrás? La pregunta está dirigida al ex subrepresentante plenipotenciario de Rusia ante la Unión Europea, Mark Entin: 

–Los propios franceses deben decidir si la ley les ha ayudado o no. Es asunto de ellos. No obstante, pienso que la decisión fue correcta. ¿Por qué? En primer lugar pienso que toda la sociedad francesa está de acuerdo en que se ha encontrado una resolución correcta. La propuesta de la prohibición fue la opinión de la mayoría. La otra parte, la que estaba a favor del uso de la burka, tan solo deseaba defender sus propios intereses. La cuestión central reside en lo siguiente: cuando existe una persona responsable, cierto árbitro, que está por encima de las palabrerías parlamentarias, siempre se encuentra una resolución correcta, por más imperfecta que sea. No tengo la menor duda de Francia es un país de derecho y que la base legislativa es respetada por todos sus ciudadanos. Así pues, la resolución se convierte en ley y la ley conforma las nuevas relaciones en la sociedad. Y este modus vivendi hoy funciona. 

El politólogo, especialista en Francia y diplomático, Yuri Rubinski, opina: 

–Mi opinión personal es que en Francia las leyes y las reglas que se promulgan con respecto a tal o cual tipo de vestimenta, no son nada nuevo. Hace mucho, cuando en las escuelas públicas se aprobó la ley que prohibía que los alumnos usen el tradicional pañuelo – hijab, se motivaban las tradiciones y la legislación, que constitucionalmente definen a Francia como república laica. Por lo que se refiere a la ley que prohíbe el uso del burka, que cubre completamente a la mujer, mi opinión es la siguiente: se trata de un gesto mediático dirigido a una parte del electorado, a los electores del Frente Nacional, ya que esa ropa en Francia es usada muy poco y rara, rara vez. 

En lo referente a los últimos episodios tales como el de la carne permitida para los musulmanes en las escuelas públicas, quedó un sedimento desagradable. En las tiendas francesas hay secciones con comida para los judíos creyentes, pero está la comida que tienen permitida los musulmanes. Y, dicho sea de paso, en los centros franceses en Rusia, por ejemplo en Ashan, hay carne permitida para los musulmanes. Al parecer esto no tiene nada de malo. Pero todo eso menoscaba los intereses financieros del comercio de la gente relacionada con la comunidad islámica. De tal modo, la regulación de determinadas relaciones sociales por el Estado con ayuda de medidas administrativas pueden afectar los sentimientos religiosos, lo cual es muy peligroso.

A mi parecer, la actual campaña presidencial en Francia demostró que abordar las cuestiones nacionales y religiosas es un asunto nada fácil y, por lo general, repercute de forma negativa en aquellos que plantearon dicha cuestión.

Autor: Alexander Artamónov