La Gran Revolución Cultural en China fue proclamada por Mao Zedong en 1965 como campaña para la eliminación de la heterodoxia. Como resultado fue aniquilada una buena parte de la dirección pensante y de la intelectualidad. Durante un decenio el país se vio sometido a una crisis política y económica. Los jóvenes rebeldes destruyeron gran parte del patrimonio cultural del país.
En su intervención Wen Jiabao señaló que a la par con el desarrollo de la economía de mercado en el país surgieron nuevos problemas como ser la distribución injusta de los bienes y la corrupción. “Estoy profundamente seguro de que para la solución de estos problemas hay que practicar no sólo reformas económicas, sino también una reforma del sistema político” –subrayó el primer ministro chino.
El interés de los medios de comunicación por este discurso también se debe a que tras el Congreso del Partido Comunista de China, Wen Jiabao abandona los cargos que ocupa en el partido y el Estado. El cónclave está fijado para otoño próximo. Esta declaración sensacional debe ser evaluada más bien como la preparación del próximo relevo –estima el politólogo Denis Tiurin:
—No vale la pena exagerar la importancia de lo que expresó Wen Jiabao sobre el imperativo de las reformas políticas en China. De hecho, se trata de seguir adelante con el proceso político. Sus palabras pueden ser interpretadas como una especie de legado a los nuevos líderes del país de continuar la política de reformas moderadas y coherentes cuyo objetivo es formar en China un sistema político pluralista de nuevo tipo. Los dirigentes chinos son conscientes de que se ha formado una nueva generación de jóvenes que tienen buenos ingresos, frecuentan Internet, hablan un inglés aceptable, muestran interés por las publicaciones extranjeras y pueden acceder a las páginas web de Taiwán. Claro que en estas condiciones el desarrollo interno de China requiere que el régimen político sea suavizado.
Algunos medios occidentales ligaron lo dicho por Wen Jiabao a los temores a una “revolución de los jazmines” en China a semejanza de los cambios operados en el Norte de África y en Oriente Próximo. Pero tales deducciones son inoportunas, al igual que las suposiciones sobre la presión de Occidente sobre China –consigna el director del Centro de Estudios Orientales adjunto a la Academia Diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, Andréi Volodin:
—China es un país grande que nunca ha obrado pensando en lo qué dirá Occidente, que vive de acuerdo a sus propios criterios e intereses. Simplemente empieza a pasar de un estado de desarrollo político a otro. Esta transición será gradual e irá acompañada de cambios pequeños, pero coherentes. Claro que los chinos toman en cuenta la experiencia de la llamada primavera árabe o revoluciones árabes. Pero creo que esta experiencia tiene significado sólo como asimilación crítica de la actual experiencia china.
Entretanto, ya se han hecho las primeras deducciones del discurso del primer ministro. El jueves 15 fue destituido el secretario del comité del partido de la gran ciudad de Chongqing, Bo Xilai. Se lo reconoce como uno de los líderes del ala conservadora del Partido Comunista. Los seguidores de esta corriente consideran que la liberación excesiva es perniciosa para el país. En medio de las crecientes desproporciones sociales la ideología de izquierda sigue teniendo demanda. Esto puede verse reflejado en el proceso de transmisión del poder a los dirigentes de la quinta generación –supone el vicedirector del Instituto del Extremo Oriente de la Academia de Ciencias de Rusia, profesor Serguéi Luzianin:
—En China en el seno de la élite partidista y, en general, en la clase gobernante se ha formado el gran grupo los nuevos de la izquierda, que considera que el actual nivel de liberación burguesa en China representa una amenaza para el país. Los nuevos de la izquierda prestan atención a las protestas sociales masivas, sobre todo en las zonas rurales, sobre asuntos agrarios. Todo lo negativo lo ligan al proceder de los liberales y a su política, que, según los nuevos de la izquierda, ya está agotada. En la síntesis del socialismo y el capitalismo los de la izquierda ponen el acento en el socialismo.
El profesor Luzianin opina que con la actual dimisión de Bo Xilai el enfrentamiento de los ideólogos de las dos corrientes del desarrollo de China no acabará. Una temporada política bastante aguda transcurrirá bajo el signo de los preparativos del XVIII Congreso del Partido Comunista de China. Éste impulsará el proceso de cambio de la dirección política del país. Se entablará una discusión sobre el rumbo por el que la “quinta generación” de dirigentes llevará al país.
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