Autor: Igor Siletskiy
13 marzo 2012, 14:53

Portaaviones "Enterprise" navega rumbo a Oriente

Foto: EPA
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Varios portaaviones norteamericanos y los buques que los acompañan se concentran frente a las costas de Irán.

El mayor portaaviones de la Armada estadounidense –"Enterprise"- abandonó su base en Norfolk (EEUU) y navega en el Océano Índico hacia el litoral iraní. En opinión de observadores, Washington muestra así la seriedad de sus intenciones a Teherán y a aquellos países que no apoyan las sanciones antiiraníes. 

Occidente e Israel están seguros de que Irán desarrolla activamente el arma nuclear y no les acaban de convencer las declaraciones de Irán sobre el carácter exclusivamente pacífico de su programa nuclear. Se acrecienta la presión económica sobre las autoridades iraníes: la ONU, EEUU y la Unión Europea aplican ya sanciones contra Irán. El último paso en este sentido lo marcó el embargo de las importaciones del petróleo iraní a lo que Irán reaccionó cortando los suministros de su crudo a Francia y Alemania. 

A juicio de los aliados occidentales, llegó la hora de ejercer presión militar. En el Mar Arábico, en las inmediaciones de las costas iraníes se encuentran los portaaviones norteamericanos Carl Vinson y Abraham Lincoln. El 20 de marzo se les sumará el "Enterprise". El portaaviones que tiene trescientos cuarenta y dos metros de eslora, cuenta con noventa aviones y helicópetros, cerca de dos mil pilotos y personal técnico de vuelo, así como tres mil tripulantes propiamente dichos. En la travesía lo acompañan tres destructores con misiles de crucero a bordo y otros buques. Según cálculos hechos por analistas militares, unos quinientos misiles apuntan a Irán desde el mar. 

A los movimientos de la flota norteamericana antecedieron declaraciones de políticos. Como se sabe, el líder iraní Mahmud Ahmadinejad, no se muerde la lengua y expresa públicamente su actitud negativa hacia Israel. Tel Aviv interpreta estas manifestaciones junto con las sospechas de que Teherán desarrolle el arma nuclear, como una amenaza directa y prepara un ataque militar. Washington procura tranquilizar a los israelíes diciendo que si fuese necesario asestar un golpe, EEUU lo haría mejor. El Pentágono reconoce que tiene preparada una “superarma” contra Irán; esto es, una potente bomba de catorce toneladas que es capaz de destruir un búnker a la profundidad de hasta sesenta y cinco metros. 

A principios de marzo el premier israelí se entrevistó con el presidente de EEUU. Según los medios de comunicación, Barack Obama logró convencer a Benjamin Netanyahu para que Israel se abstenga de atacar las instalaciones nucleares de Irán al menos hasta septiembre. O, quizá, por más tiempo: en noviembre en EEUU tendrán lugar las elecciones presidenciales y no le conviene a la Casa Blanca meterse en nuevas aventuras militares. No obstante esto, unidades militares se aglomeran alrededor de Irán. Tal vez con esa demostración EEUU trate de presionar no sólo a Irán, sino también a los países que no se han sumado a las sanciones antiiraníes, supone Azhdar Kúrtov, experto del Instituto ruso de Investigaciones Estratégicas: 

–Por lo visto, los norteamericanos no abandonan las esperanzas de que las sanciones económicas empiecen a surtir efecto. Sin embargo, hasta ahora n о han dado su brazo a torcer ni se han sumado a esas sanciones los dos consumidores clave del petróleo iraní, la India y Japón. Todo indica que la aparición del portaaviones debe mostrar a estos países vacilantes que los norteamericanos abrigan rudas intenciones. 

Mientras tanto, Israel insiste en que los ataques contra Irán fueron aplazados, pero no cancelados. Al decir de Netanyahu, el tiempo que queda para estos ataques se cuenta “no por días ni por semanas, pero tampoco por años”. Tel Aviv se desentiende de quienes advierten sobre el peligro que conllevaría tal operación para toda la región de Oriente Medio. Y hacen mal porque los efectos de los ataques contra Irán se expanderían más allá de los límites de Oriente Medio, asegura Piotr Topichkánov, experto del Centro de Seguridad Internacional: 

–El golpe se asestará contra la infraestructura nuclear y también contra las instalaciones de las Fuerzas Armadas. Habrá que hacerlo para neutralizar a las fuerzas de defensa antiaérea. Es decir, másqueunataque, será unconflictobélico. Irán no podrá emprender operaciones militares activas contra las Fuerzas Armadas de EEUU. Y se verá tentado a optar por medidas asimétricas. O sea, podrán hacerse realidad las acusaciones que lanzan hoy algunos políticos radicales de EEUU incriminandole a Irán la condición de santuario del terrorismo

Existe una alternativa a tal desenlace. Como señala el politólogo Stanislav Tarásov, ahora lo principal es sacar a Irán del aislamiento internacional, en lo que sigue insistiendo Moscú. Y dar a Teherán la posibilidad de trabajar en la esfera del “átomo pacífico” asegurando la transparencia absoluta de sus programas nucleares. Por cierto, las autoridades iraníes no tienen nada en contra de tal actitud y está dispuestos a reunirse en marzo en Estambul con los seis mediadores internacionales.

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